Correspondencia (•En Directo): Soledad

Soledad1

Aquel no era un buen día, no era malo, pero sabía que era un día de más. Cada vez le costaba más llevar aquella soledad rutinaria. Su manera de pensar le había llevado a aquella situación aunque no se arrepentía en absoluto, sabía que su realidad, al menos, era sincera.

Llevaba un desgaste acumulado desde hacía meses y no se presentaba una oportunidad de relajarse en un futuro cercano. Al fin y al cabo, era su elección, él había decidido abrir la cafetería a sabiendas de las consecuencias. Lo que no esperaba era esa falta de apoyo por parte de las personas cercanas. Ahora tendría que recurrir a algo que no le entusiasmaba, aunque ciertamente le entretenía.

Ya conocía la cronología de los siguientes días. Iba a abrirse un perfil en un par de aplicaciones de contactos, iba a estar enganchado durante unos días en los que conocería a alguien interesante, las primeras cinco líneas de la conversación, después no contestaría o sería de las que esperan que les pregunten, al tercer día se cansaría y los borraría todos de nuevo. Lo había hecho tantas veces que ya le resultaba un proceso automático. Parece aburrido e ilógico, pero Juan ya había asimilado que hay ciertos procesos psicológicos que no merece la pena cambiar. Lo que conseguía de esta manera era distraerse esos tres días, disfrutar de las vistas y, cuando se cansaba, la soledad se volvía un estado escogido voluntariamente y era más fácil de llevar durante un tiempo.

Siempre conservaba la esperanza, por supuesto, de tener que borrar los perfiles porque lo habían “adoptado”, aunque no pasaba nunca. Es cierto que en alguna ocasión si que había podido sacarle algo provechoso, como una cita e incluso algo más. De hecho, la mejor relación sexual que había tenido hasta el momento surgió de una de estas aplicaciones, eso ya las hacía meritorias de nuevos intentos. Y cuando solo conseguía la primera cita, la disfrutaba igual, Juan hacía tiempo que había aprendido a ver las cosas de otra manera, básicamente, a simplificarlas. Eso le aseguraba poder pasar un buen rato sin pensar que estaba en una cita. Y conseguir una cita ya hacía rentable el tiempo que esas “apps” requieren. La emoción de una primera cita…

(X)

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