Ida I

Se acababa de despertar, sentía algo raro en los labios, como una capa pegajosa que no tenía buen gusto. Al pasar por delante del espejo vio algo extraño, era una figura que no había visto antes, alguien a quien no conocía. Empezó a palparse la cara y a mirarse aquellas protuberancias alargadas que le salían de otra protuberancia aún más larga. Todo aquello era muy raro, pero algo le apremiaba a seguir merodeando por la casa.

De repente empezó a oír voces que desconocía y que no acababa de entender. Salió tímidamente a la ventana con cierto miedo, nunca antes había escuchado aquello. Lo que se encontró lo fascinó por completo dejándolo absolutamente atónito. Decidió salir a la calle para descubrir aquel nuevo mundo.

Miraba a todos lados intentando comprender lo que se abría delante suya. No sabía muy bien donde fijar la mirada, incapaz de decidir por donde empezar. Se sentía exageradamente entusiasmado, emocionado, con ganas de aventuras. Por alguna extraña razón, no sentía ya miedo alguno ni se sentía en ningún caso abrumado.

Había empezado a pasear con cierta dificultad y a palpar prácticamente todo lo que encontraba. Su cabeza esta funcionando a máximo rendimiento dada la inmensa cantidad de información que recibía. Era una sensación maravillosa, en aquel lugar todo era nuevo, y allí en medio, justo delante suya, encontró algo que le resultó familiar, había encontrado a alguien más.

Se miraban ambos perplejos, parecían estar delante de un espejo. Tenían la misma cara de fascinación, como si se encontraran ante la misma situación. Iban acercándose, recelosos, expectantes y con toda su atención puesta en el otro. Y antes de que pudieran incluso tocarse, aparecieron más de todos lados, iguales.

Se había convertido en una fiesta. Una vez hechas las presentaciones, tocándose la cara los unos a los otros, dando vueltas oliendo, investigando aunque de una manera increíblemente tierna y no sin alguna mirada de desaprobación, se habían puesto a jugar, a divertirse. Además les resultaba extremadamente sencillo, todos jugaban igual y tenían todo un mundo para hacerlo.

Pasado ya prácticamente todo el día, era la hora de cenar. Después un sueño devastador se adueñó de el dejándolo cómodamente tumbado en su cama, asimilando inconscientemente todo aquello, soñando y a la espera de un nuevo día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s