Monstruo domesticado

Fragilidad que asoma tras la piel. Acaricias con la yemas de los dedos tu reflejo, consciente de la tortura a la que sometes a tu cuerpo, pero no tienes intención de parar, te repites constantemente que tú lo puedes controlar, ¿ pero acaso, viste alguna vez a un monstruo domesticado? Cada día la línea se difumina más, cada día la comida se parece más a la nada. Un enemigo al que intentas derribar, ignorandolo a solas, disimulando delante de las miradas ajenas. Si sólo por una vez, una única vez fueras capaz de ver que no hay peor enemigo que el que habita en tu cabeza. Que solo tú tienes la cura de la enfermedad que consume tu interior. Si sólo por una vez quisieras darte cuenta que el alma también se consume y se cansa de luchar contra este fantasma. Si sólo por una vez dejaras de cavar tu propia tumba… Atrévete, lucha, grita, pide ayuda. No te escondas, no podrás ganar esta guerra tú sola. Sal ahí fuera, respira aire puro, rodeate de los tuyos, esa es la única manera de que en unos años tu mano sea la que escriba este poema.

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