Reflexílabos: 1511161729

En ciertas ocasiones en las que todo se viene el mismo día, y todo se viene, desarrollo un odio profundo y desmedido hacia todas las personas sin excepción alguna, mi vida deja de tener sentido y deseo con fervor exiliarme y desaparecer. Normalmente esto dura un breve período de tiempo, nunca superior a una día, pero cada vez sucede con más frecuencia y con más virulencia, llega incluso a conseguir que por unas horas desconecte por completo. Aunque lo que me preocupa  realmente es que acabe tomando una salida más eficaz, definitiva, y esta va adquiriendo cierta coherencia en mi cabeza haciéndola cada vez más viable. También debo reconocer que la contrapartida no es mucho mejor, cansado de ser el estúpido, el que se pierde por los demás sin ver que nadie lo valore lo más mínimo o al que siempre le toca esperar, voy a la vez encerrándome más en mi mismo, creando una animadversión más fuerte hacia un tipo en concreto de personas y hundiéndome irremediablemente en mi infinita soledad. Quizá esta sea una carta de despedida, no lo sé, simplemente se que es un grito agónico de alguien a quien le ha podido todo lo nunca quiso ser.

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