Correspondencia (·En directo): Despertar

reloj

Por fín había recibido la llamada que tanto había esperado. La había pillado durmiendo y con resaca, salir entre semana, con su edad, no podía ser bueno para la salud. Pero no le importaba lo más mínimo, hacia tiempo que había decidido hacer solo lo que le apetecía y con quien le apetecía, se lo debía a ÉL, a ella misma y a su despedida. Razón por la que su círculo de amistades se había reducido considereblemente en número pero crecido en calidad, no tenía la menor duda.

Pero volvamos  a la llamada, esa que antes de contestar había maldecido gruñendo como un animal a punto de atacar y soltando palabras poco propias de una señorita. Tenía la boca y la lengua de trapo cuando había contestado y justo en el mismo momento en que la voz del otro lado del teléfono se había presentado, como si fuera música para sus oídos, se levantó de la cama como un muelle y su tono de voz adoptó esa melodía suave, que tanto encandilaba, sobretodo al género masculino. La llamada fue corta, formal, su interlocutor le había dado la enhorabuena, habían hablado de los siguientes pasos que era necesario dar y se había despedido con la promesa de volver a llamar para concretar una entrevista cara a cara y hablar tranquilamente de todos los detalles.

Y ahí estaba ella, sentada en medio de su cama de matrimonio, con sus sábanas blancas, despeinada y aún sin desmaquillar, mirando a la nada, sonriendo al cuadro que tenía en frente, un plagio de La noche estrellada de Vincent Van Gogh y justo debajo de éste una cita propia del autor “Mirando a las estrellas siempre me pone a soñar. ¿Por qué, me pregunto, no deberían los puntos brillantes del cielo ser tan accesibles como los puntos negros del mapa de Francia?” En su mente, algo turbia por la resaca se agolpaban un millón de cosas por hacer, personas con las que hablar, despedidas, finales que saben a principios, miedos que dejan de serlo para convertirse en certezas. Miró el reloj, decidió darse un capricho, se lo merecía, pasar por chapa y pintura, parecer una persona normal y salir a disfrutar del bullicio de la gran ciudad mientras desayunaba en la terracita de alguna coqueta cafetería. En ese momento un flash de la noche anterior hicieron que volviera a pensar en él, y sin poder evitarlo apretó fuerte los muslos para contener un suspiro de alivio. ¿ Cómo se tomaría él la noticia? “¡No!” le recriminó a su reflejo, no podía dejarse llevar por las emociones de otra persona, debía centrarse en las suyas y saberlas canalizar correctamente. “Deja de fruncir el ceño y no me mires así, que nos conocemos” siguió con su monólogo en voz alta. Mentalmente iba haciendo una lista de priorirades, tenía 15 días para organizar su vida, encajar las piezas del puzzle y a partir de ese momento, disfrutar. 15 días para abrir las alas y aprender a volar. Llegaban tiempos de cambio y el portazo al salir de su pequeño estudio sonó a libertad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s