Impro: XXVIIXVII

Con su forma camaleónica, permitió que una de sus compuertas se abriera, dando paso a un estremecedor polvo que estremecía las pieles de los que, víctimas, caían en sus redes de puro sabor y placer.

Así pues, una vez abierta, se rellenó y volviose a cerrar permitiendo a su organismo calibrar la energía para regalar un primer aroma tostado, que empieza a residir en el olfato de esa pobre víctima que permaneció un solo instante, rememorando lo que una vez, un cuerpo joven y absorbente recibió de manera gratuita, así pues, siguió de esa manera tan pobre pero trascendental, el recorrido de esa bestia, energúmena, que se instalaba en el pozo acariciando suavemente el regazo que le permitió la taza blanca y pura, esa taza que albergaría el aroma y placer, ese que una y otra vez se repite, a forma de droga, creando el despertar, la consciencia, albergando los síntomas del desquicio de los sentimientos, inventando a su antojo lo que nada más puede retomar en su viaje.

Y las melodías sonaban a modo de son al que se aletargaban las preciosas telas que discutían si emerger o retirarse en el olvido, en su oscuridad, en su cueva,

pero el café estaba ahí.

GS

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