Reflexílabos: 0903171822

Y que importa lo material si no nos quedamos nada, si se oxida, se gasta y/o se vuelve inservible. Nos mentimos deliberadamente con la palabra necesidad cuando en realidad no existe. Y sin embargo, somos lo suficientemente cobardes para culpar a la sociedad de lo que no nos gusta, acogiéndonos a las excusas más estúpidas para mantenernos alejados de las verdades que nos incomodan.

Alzamos la voz para quejarnos de cualquier cosa que no nos favorece inmersos en el egocentrismo de creer que somos más ciudadanos que el resto. Olvidamos que no todos somos iguales y aún así pedimos igualdad tan solo porque nos enseñaron que es lo correcto, y para que preguntarnos el porqué si podemos vivir de convencionalismos y ahorrarnos el esfuerzo de aquello que nos hace homínidos.

Criticamos a todos los que no son como nosotros como si nosotros fuéramos alguien o aún peor, como si nuestra razón valiera más que cualquier otra. No mostramos opinión sino prepotencia con ideas que ni tan siquiera nos pertenecen.

Apelamos al “todo vale” solo cuando nadie nos mira mientras perfeccionamos un “papel” que representamos siempre que queremos algo y tenemos la brillante valentía de llamarlo altruismo.

Hemos olvidado que somos una especie por el simple hecho de creernos “la especie”. Hacemos de este nuestro hogar lo que queremos, dictando nuestras propias leyes para todos cuando somos los últimos en llegar. Creemos que todo nos pertenece, y así entre risas y cervezas, decidimos el futuro del mundo, como si este no lo tuviera ya claro.

Y abanderados con la hipocresía de nuestras costumbres, apoyamos a “los de arriba” mientras los maldecimos, aunque todos tenemos la ilusa esperanza de que un día la suerte nos convierta en aquello que odiamos.

Y se va acabando el día, y todo lo que hemos hecho hecho está aunque no sirva para nada, porque no hemos hecho nada de lo que queríamos, como si pudiéramos dejarlo para un mañana que no sabemos si tendremos.

Y se va acabando la semana, y todo lo que hemos pensado ya se ha olvidado como lo que hicimos ayer por la noche, como si nuestros actos prescribieran más allá de la leyes.

Y se va acabando el año, y dejamos los propósitos para tener algo que hacer el año que viene. Y va pasando el tiempo, los años, las oportunidades y las palabras, como estas, que acabarán en el cómodo olvido al que llamamos ignorancia tan solo para seguir haciendo lo que hacemos; nada.

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