Impro: Relatando.

Desde hace un tiempo siento las terminales del aeropuerto como mi segunda casa. Entiendo que las prisas no son buenas pero las ganas no son amigas de la calma. No me importa ir desnuda el resto de mi vida si es tu piel quien me protege. Me descalcé de mi pasado la noche que curaste mis heridas y uniste una a una todas mis piezas rotas.  He jubilado a la pena y si no dejo libres, pronto, a los pajaros de mi cabeza, un día de estos alzaré el vuelo y ya nunca más volveré a pisar el suelo. Empiezo a cogerle manía al teléfono, y  ya no le presto atención si no es tu nombre el que parpadea en la pantalla. Puede que se haya perdido la magia, pero hay hechizos que no necesitan trucos para ser efectivos y durar una vida tras otra. Puede que el hilo rojo que nos une sea invisible, pero cada día que pasa me aseguro de que no se rompa. Desde hace un tiempo siento las terminales del aeropuerto como mi segunda casa, porque son la antesala necesaria para sentirme, una vez más, en calma.

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