¿Por qué del amor?

Desconocemos algo tan nuestro que parece irreal. Nos hemos quedado estancados en una visión arcaica de este concepto y la sociedad actual no ayuda a valorar otras formas de entenderlo incluso creando cierta exclusión por aquellas personas que si lo han hecho.

Nuestro concepto está basado en una tradición meramente cultural heredada de otro contexto y otra ideología poco vigentes en la actualidad, por lo que se hace más que necesaria una actualización desde hace ya algunas décadas. La sociedad ha cambiado, las culturas, los individuos, el contexto, la política, los hábitos, incluso aspectos demográficos y antropológicos, pero algunos conceptos siguen anclados a sus tabúes.

No podemos obviar la influencia que ejerce la religión en este aspecto en concreto, tal es dicha influencia, que hasta los medios de comunicación y todo lo que rodea al campo audiovisual, y la literatura prácticamente, ha implantado esa visión como un monopolio, hecho que sin duda dificulta la difusión de cualquier otra forma de entenderlo, creando a su vez numerosos prejuicios basados en la ignorancia.

Estamos ante uno de los cambios sociales más importantes de los últimos años, me atrevería a decir décadas, junto con la ruptura de ciertos estigmas, entre ellos las mal llamadas “no madres” y todo lo que rodea a la identidad sexual. Y éste es claramente un cambio generacional dado por la situación actual a nivel global que no nos ha dejado más opción que liberarnos de los estereotipos y las etiquetas a causa de una sociedad hermética e intolerante con aquello que no llega a entender.

Aunque, desgraciadamente, estamos también ante un aumento de las posturas extremistas, como el nacionalismo y el tradicionalismo, que a su vez se van radicalizando en sí mismas. Por ello creo que es el mejor marco para empezar esta revolución, aunque empezó en silencio unos años atrás, y conseguir una normalización de estas nuevas corrientes y formas de vivir.

Esto no trata sobre el compromiso o el vicio, ésta es una revolución interior, nace de la esencia del ser humano y desde ella. Queremos creer que hemos aprendido algo de tantas épocas de opresión en las que la libertad ha visto totalmente esclavizada. No entraré a debatir sobre qué es la libertad, pero sin duda podemos asegurar que no es lo que estamos viviendo ahora. Por ello, más que nunca, aunque las apariencias que han creado nos puedan hacer creer lo contrario, necesitamos derribar de una vez ciertos muros en busca de ser un poco más libres.

Olvidemos entonces la etiquetas con reglas adheridas en el dorso y empecemos a crear relaciones únicas y entenderlas como tal. Si nadie es como el resto, si todos somos únicos, ¿cómo podemos seguir entendiendo y aceptando que una relación entre equis número de personas puede tan siquiera parecerse a otra? ¿puede entonces definirse bajo los mismos criterios? ¿puede acaso alguien tener derecho de hacerlo si no es una de las partes implicadas?

Cada uno habita en el mundo que sus ojos le brindan, por lo que cada uno vive, siente y entiende las relaciones de forma única. Llevemos entonces ese concepto a la práctica. Solo podemos aceptar etiquetas como mera herramienta que trata de facilitar el lenguaje, no como marco cerrado en el que se deben cumplir unas normas preestablecidas.

El respeto debería ser la base de esta revolución, por ambas partes. Solo desde esa base podemos empezar a construir un modelo en el que todo sea bien acogido si existe transparencia. El amor no cabe en un puñado de reglas ni en unas frases bien hechas, el amor es sumamente amplio y es precisamente esa característica la que lo hace tan esencial para el ser humano.

El amor se trata de amar y esta parece una premisa obvia, tanto que dejamos de prestarle la suficiente atención y pasamos por alto lo que ello quiere significar. El amor, es amar todo aquello que uno quiere, sin condiciones, tiempos, consignas, prejuicios, tabúes, etc. El amor, es amar y punto, tan simple y tan complejo. Amar, y amar libre, pues de lo contrario estará influenciado haciendo imposible conocer si es amor o sugestión.

Amar libre es a su vez, libertad. Y uno debe ser conocedor de que esa libertad conlleva consecuencias, que no deberes, y solo así se alcanza el concepto o ideología que le permite a uno vivir y amar sin miedo, coherente y, por ende, feliz, inmutablemente feliz.

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