Coherencia o como seguir motivado

En esta vida no puedes evitar esos momentos en los que todo parece una mar de dudas. Acabas preguntándote el porqué de cada mísero detalle, incluso de aquellos que habías pasado por alto. Tus férreas bases también parecen tornarse translúcidas y te ves sumid@ en algo que no llegas a comprender.

Cuando logras descifrar que es lo que ocurre, lejos de estar más cerca de superar ese estado, la cotidianidad se viene encima y rebaja tus fuerzas hasta quedarte tan solo con la propia inercia. Sabes que estás atravesando un momento y ello constituye la única motivación para seguir. Llega a un punto en el que no sabes cómo actuar, qué es lo correcto o lo mejor o qué deberías hacer para salir de ese bucle. Debates sobre si el problema es el entorno o si lo eres tú y en tal caso, debates sobre qué puedes cambiar y si merece la pena.

Cuando te encuentras dentro de la tormenta, todo está tan revuelto que no puedes pensar en otra cosa que no sea parar, pero sabes que no es posible, no puedes omitir tus pensamientos y tus quejas, tus divagaciones ni tus dudas. Es entonces cuando decaes en lo que para el resto parece una depresión, aunque tú conoces el carácter temporal de tu estado.

Y cuando veías imposible que el escenario empeorase, te levantas con una idea, tímida, pero una idea, y en vista de la situación te arriesgas. Recuerdas que toda tormenta tiene un núcleo, un centro, y en ese mismo y preciso centro, nada se mueve ya que todo gira en torno a ese punto. La idea empieza a tener sentido, ¡por fin algo lo tiene!, y vas directo, sin mirar atrás, sabes que es lo único que puede salvarte.

Y cuando llegas puedes ver el espectáculo como si de un acuario se tratara. Todos tus miedos, tus ideas preconcebidas, tus expectativas, tus errores, tus defectos pero también tus virtudes, tus fortalezas y justo ahí, entiendes que el problema era intentarlo todo a la vez y puedes ver claramente el camino.

Entiendes que solo tienes dos manos, por lo que aceptas que vas a necesitar cierto tiempo para poner todo en orden y calmar ese tornado de incertidumbres. Vas atrapándolas una a una, poniéndolas en su lugar y así empiezas a ver que el escenario que tú mismo empezaste nunca cambió. Descubres que lo que desapareció fue tu motivación y ello hizo que crearas las tormenta perfecta.

Y de repente asimilas que ese momento no ha sido más que una auditoría a ti mismo y a tu camino, y que salir en el mismo punto confirma que realmente estás haciendo lo que quieres y es precisamente esa coherencia con lo que eres y lo que quieres lo que constituye la mayor de las motivaciones.

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