#1 Remitente 5545

Día,

Apenas hace una semana que te fuiste, algunas cosas han cambiado desde entonces.

El bar de la esquina finalmente cerró, algunos no lo entienden: “Tenía el mejor café de la ciudad, y a precios justos”, otros sin embargo decían: “Era cuestión de tiempo”, “Cuanto más quieres más cuesta y cuanto menos tienes menos te dura”.

El tiempo cambió, te llevaste el sol y el calor, lo cambiaste por cielos grises y lluvias intermitentes, gracias por ello, siempre supiste lo que la gente necesita.

Mi vecino no está; suicidio. Nada fuera de lo “común” o casi nada. Al parecer antes de cometerlo dejó una carta bajo la puerta de todos y cada uno de los vecinos de la finca, a raíz de eso, la policía decidió abrir una investigación en la que todos nosotros estábamos involucrados.

Ella se fue, debía hacerlo, o tenía. Supongo que una parte de ella lo quería también. Se que pensarás que la echo de menos, pero no lo siento así, no lloro por su ausencia, no siempre. Todo lo contrario, suelo sonreír tímidamente y con cierta dulzura cada vez que pienso en su risa y su forma de amar.

Finalmente acabé aquel libro que me recomendaste antes de partir. Cada episodio me producía ese pre-seminal que humedecía mi camino hacia el siguiente. Hacía tiempo que un libro no me quitaba el sueño y me gustaba tanto como para dejar de lado mi, ya por defecto, mente crítica, y simplemente disfrutar de todos sus sucios y oscuros momentos.

Por otro lado algunas cosas siguen como antes. Sigo yendo al mismo bar de siempre, aquel donde se mezcla el fuerte olor a café y arte. Voy a la misma mesa de siempre y me siento en una de sus sillas, la cual no es la misma de siempre, creo que el dueño del local la cambia de vez en cuando y ahora parece tener la forma de otro y eso, me incomoda, mucho. Tomo el mismo café de siempre, Etiopía, extraído a veintitrés segundos, no más, y por supuesto, no menos. Tardo el mismo tiempo de siempre en tomármelo, un minuto y treinta y siete segundos, treinta arriba treinta abajo. Tostadas multi-cereal de aquella panadería alemana al final de la calle, aceite de oliva virgen del Eroski y medio tomate de “ramallet” sigue siendo mi desayuno.

Sigo, como siempre, esperando a que vuelva, pero ésta vez, quiero que venga sola, para así poder disfrutar de su belleza.

Espero estés bien.

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