Película de culto

A veces entro en una película de culto en la que yo soy el protagonista. Me veo como el incomprendido que oculta su objetivo final, un secreto que solo sabe ella, porque no puede contar con nadie más.

Estoy en la ducha, el agua fría cae sobre mi espalda desnuda, la penumbra se hace con aquella pequeña habitación íntima de la casa, tan solo unas briznas claras rasgadas por los cristales de la ventanilla consiguen tatuar mi piel. Minpelo cede a la fuerza de la madre tierra mientras mi cabeza se apoya en las bsaldosas mojadas de la pared.

Yo mantengo los ojos cerrados, se puede leer en mi cara la concentración, ando en asuntos que son solo mios y que no pueden ser de nadie más.

Permanezco así más de lo que logro calcular. Me quedo absorto con la ayuda de las hipnotizantes gotas de agua en la absoluta oscuridad una vez que la luna vigila.

Divago, medito, reflexiono, analizo, debato, organizo y decido, siempre decido, esa es la razón.

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